26 sept. 2011

25 sept. 2011

CUMPLEAÑOS FELIZ¡¡¡




       

   

         

   

       

  


   

        



        


Fotografía: Mauricio Rus García de Vinuesa

10 sept. 2011

NUESTRO CORO EN ALFA Y OMEGA Nº 750

La toalla que secó la Cruz, la Salve que Dios escuchó



Miembros de Paz y Esperanza, en Cuatro Vientos.

El sábado por la mañanaA las 3 de la madrugada del 20 de agosto, los miembros del coro rociero Paz y Esperanza, de Villa del Río (Córdoba), partían hacia Madrid para actuar ante Benedicto XVI, en Cuatro Vientos. Según estaba previsto, su grupo sería uno de los que actuase durante la Vigilia, antes de que empezara la Adoración. Sin embargo, la tormenta que se desató durante la noche cambió el guión.

Uno de los integrantes del coro, Enrique Sánchez Collado, explica: «Habíamos estado ensayando desde las 9 de la mañana, y habíamos disfrutado con la llegada de los peregrinos. ¡Cuánta fe, cuánta vida, cuánto sacrificio! Cerca de dos millones de peregrinos demostraron que estaban allí, no para hacer botellón, sino por sus creencias y su afecto al Santo Padre». Con la llegada del Papa, llegaba también el momento de su actuación, esa que llevaban meses preparando. Comenzó la Vigilia..., y con ella, la tormenta: «Por el aguacero y el viento, nos indicaron que desalojáramos el escenario y, empapados, así lo hicimos. Algunas pantallas se volcaron y los bomberos acudieron a descolgar unas lonas que se habían soltado encima del Papa. Las sillas volaban y el agua arreciaba contra el imponente telón artificial», relata Enrique. Como el resto de los artistas que habían actuado durante la tarde o que tenían previsto hacerlo en la Vigilia, se resguardaron en el camerino. Los miembros del coro veían cómo la lluvia diluía sus ilusiones, sus esfuerzos y, lo que era peor, su posibilidad de cantar para Dios ante millones de jóvenes.

Sin embargo, una sorpresa les aguardaba en el vestuario: «Al entrar, vimos que la gente estaba rezando -explica Enrique-. Habían guardado allí la Cruz de los Jóvenes, que se había caído por el viento, y estaba rodeada de velas. Al llegar, mi amigo Juan tenía mi toalla en la mano, me la dio y me dijo: Toma tu toalla. Con ella han secado la Cruz de los Jóvenes, ya tienes un gran recuerdo de la JMJ. ¡Cuántas manos del mundo han tocado esta Cruz y tu toalla ha secado el madero de Cristo, del agua de esta tormenta!» Allí, sin que ninguna cámara lo captase, sin que ningún peregrino lo escuchase, los artistas que habían desfilado por el escenario de Cuatro Vientos actuaron sólo para Dios: «El Papa nos había pedido que rezáramos para que amainara la lluvia, así que cantamos la Salve Rociera y el Padrenuestro, de la mano junto a los que allí estaban. Fue un momento de tanta unión y recogimiento que nos sobresaltó la señal de las pantallas de televisión, que se habían apagado. Entonces, oímos, con alegría, la voz del Santo Padre, subimos y vivimos el silencio y la oración de dos millones de jóvenes ante la Eucaristía», cuenta Enrique.


Miembros de Paz y Esperanza, en el camerino antes de la tormenta.

Tras la Adoración volvió la lluvia, «y nos preguntaron si íbamos a cantar, aunque lloviese. Contestamos: Contra viento y marea. Por la lluvia, los técnicos no podían conectar la megafonía; así que sin ella, y con el cariño y el fervor de los peregrinos y de los obispos presentes, entonamos la Salve, que no salió por megafonía, pero caló en los corazones de quienes estaban con nosotros. Nos pidieron más y cantamos el Padrenuestro. Todo, desde la emoción, las lágrimas, la alegría, la pena y el cansancio». Al regresar al camerino, «fuimos recibidos con un aplauso por los sacerdotes, obispos, voluntarios y encargados de organización, que expresaban su cariño, su tristeza y su ánimo». Así, lejos de verse abatidos, los miembros del coro volvieron a Villa del Río «exhaustos, emocionados y felices por haber estado tan cerca del Santo Padre, y resucitados por el espíritu de los jóvenes del mundo que han dado testimonio de fe. Porque, como nos dijo el Papa, Dios sabe y recompensará vuestro sacrificio».

José Antonio Méndez

8 sept. 2011

UNA NOCHE INOLVIDABLE¡¡¡¡


Dos horas de concierto con una caseta municipal hasta la bandera. Cansados, pero felices por el cariño recibido una vez más por nuestro pueblo que cantó los temas más célebres del coro.

 Se abrió el concierto con la Salve Rociera; luces azules para escuchar los últimos sones del tamboril con vengalas de artificio en la oscuridad de la caseta. Tras un repertorio extenso, dividido en dos partes; en la primera vestuario verde, en le segunda el coro apareció vestido de negro con una elegancia muy comentada por los asistentes. Destacaron temas de siempre interpetados por el grupo y por los solistas  Ascen, Estrella y como no; Consoli y Juan Calero. La última componete que forma parte del coro, Jose interpetó una versión muy apaudida de "Noches de Bohemia".

Se estrenó la canción "Villa del Río" y como "Bis" un popurrí de sevillanas
con el estribillo:

"20 AÑOS CANTANDO,
20 AÑOS CONTIGO,
20 AÑOS REZANDO
A MI VILLA DEL RÍO"

Esta noche esperaremos a la "·Estrella Coronada" en la Cruz de los Mocitos

¡GRACIAS¡


Fotografía:

Archivo del Coro, Álvaro Horcas, Leandro Lara, etc...

Nuestro Coro en la prensa:

EL CORO DE VILLA DEL RIO ACTUÓ EN LA EMBAJADA ESPAÑOLA Y CANTO UNA MISA EN SANTA MARIA LA MAYOR.

El Coro Rociero de la Paz y Esperanza triunfa en Roma.

La formación volverá a cantar en la capital italiana ante el Papa Juan Pablo II La Salve Rociera, fandangos y sevillanas emocionaron al público.

04/03/2003 REDACCION

El coro villarrense llevó la misa rociera al templo de Santa María la Mayor. EFE.

El coro rociero Nuestra Madre y Señora de la Paz y Esperanza, de Villa del Río, ha ofrecido en Roma un concierto y una misa rociera que hicieron derramar las lágrimas de los españoles y romanos, que no pudieron contener la emoción al escuchar, entre otras, la salve rociera. El concierto del coro villarrense se celebró este fin de semana en el Palacio de España, sede de la embajada española ante la Santa Sede y la misa rociera tuvo como escenario el monumental templo de Santa María La Mayor, una de las cuatro grandes basílicas de Roma.

Vivas a la Blanca Paloma, a España, a Andalucía en la festividad del 28 de febrero y a Villa del Río y "bravos" a los componentes del coro fueron incesantes en estas jornadas rocieras de Roma, en las que los españoles que viven aquí escuchando las canciones y músicas pudieron hacer el camino y peregrinar hasta El Rocío, aunque sólo fuera de manera virtual.

Y es que el coro que dirige Enrique Sánchez Collado y del que forman parte treinta jóvenes creó con sus sevillanas, fandangos y cantes populares un clima rociero que alcanzó la cima con la solemne misa rociera, en la que la salve cantada por Juan Francisco Calero Llorente puso un nudo en las gargantas de los cientos de españoles presentes, muchos de los cuales rompieron a llorar.

PROGRAMA LARGO

No fue sólo en la basílica, también en el concierto de la legación --que estuvo presidido por el embajador, Carlos Abella -- los pañuelos secaron las lágrimas de los presentes. El coro supo llegar a los presentes y no escatimó en cantos, ofreciendo un programa de varias horas.

Se narró la aparición de la Virgen, el camino de los romeros hacia la aldea almonteña, la noche en las marismas con la mirada puesta en la Señora, la llegada a la ermita, la procesión en el día de Pentecostés y el final de la romería. Fueron unas actuaciones "da fa venire i brividi" ("de las que te ponen los vellos de punta"), como afirmaron los italianos asistentes, que al igual que los españoles quedaron prendados de la desgarrada voz del solista Juan Francisco Calero Llorente y de Consolación Sánchez.

El grupo ofreció también temas de Semana Santa y el joven Calero volvió a emocionar con la famosa Saeta, de Antonio Machado, y Centinela, de Pascual González. Para mayor goce, el coro también interpretó fandangos y sevillanas, entre ellas Señora de Septiembre, dedicada a la Virgen de la Estrella.

El coro derramó alegría por toda Roma. Su actuación supo a poco, hasta el punto que ya se está trabajando para que vuelva a cantar a la capital italiana y, si es posible, también ante el Papa Juan Pablo II, al que no pudieron ver, pero que les regaló a cada uno un rosario bendecido.

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